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GABRIELA
MISTRAL
Mujer y poeta… pero ante todo
“mujer”
“En
estos cien poemas queda sangrando un pasado doloroso, en el cual la
canción se ensangrentó para aliviarme.”
Con estas palabras la poetisa Gabriela Mistral presentaba una de sus
cuatro grandes colecciones de poemas, e indicaba el tono íntimo y
emotivo de su obra.
Lucila Godoy Alcayaga es el verdadero nombre de la escritora
Gabriela Mistral.
Lucila nació en 1889 en Chile, en una pequeña población de Elqui
llamada Vicuña.
A
los 16 años ya era ayudante en una escuela primaria. Desde ese
momento, consagró su vida a la docencia y a la escritura.
A
los 18 años conoció a un joven de quien se enamoró, pero al
tiempo interrumpieron su noviazgo y él conoció otros amores. Este
encuentro dejaría una profunda huella en Lucila, ahondada por el
hecho de que el muchacho se suicidó al año siguiente, y en su
bolsillo se encontró una carta que ella le había escrito tiempo
atrás. El suceso fue hondamente conmovedor y, con este motivo, ella
escribió muchos de sus mejores poemas.
En
1922 viajó a México como colaboradora del filósofo José
Vasconcelos para organizar la enseñanza primaria. Ese mismo año
publicó su primer gran volumen de poesías: Desolación,
un libro del que diría
“Dios me perdone este libro amargo, y los hombres que sienten la
vida como dulzura me lo
perdonen también”.
De
1924 data su segunda obra, Ternura,
que recoge sus poemas más sencillos y de enorme belleza,
dirigidos a sus pequeños alumnos. Por entonces visitó el Uruguay y
pasó por la Argentina. Luego regresó a Chile, donde se jubiló
como profesora.
Después
de dar cátedra en diversas universidades de Estados Unidos, puerto
rico, Cuba y Panamá, publicó, en 1938, su obra Tala,
donde plasma con coloridos trazos “la raíz de lo
indoamericano”.
En
1945 recibió el Premio Nobel de Literatura, y Chile le otorgó,
seis años más tarde, el Premio Nacional de Literatura.
Su
última publicación fue Lagar
(1954), luego de la cual se abocó a un largo poema, Recado
de Chile, que no pudo concluir debido al decaimiento de su
salud.
Gabriela Mistral murió en 1957 en Estados Unidos, aclamada como la
más grande voz femenina de la literatura chilena.
Entre
sus más conmovedores poemas se cuenta “Vergüenza”, una
deliciosa captación del instante en que la niña se transforma en
mujer.
Vergüenza
Si
tu me miras, yo me vuelvo hermosa
como la hierba a que bajó el rocío,
y desconocerán mi faz gloriosa
las altas cañas cuando baje el río.
Tengo
vergüenza de mi boca triste,
de mi voz rota y mis rodillas rudas;
ahora que me miraste y que viniste,
me encontré pobre y me palpé desnuda.
Ninguna
piedra en el camino hallaste
más desnuda de luz en la alborada
que esta mujer a la que levantaste,
porque oíste su canto, la mirada.
Yo
callaré para que no conozcan
mi dicha los que pasan por el llano,
en el fulgor que da a mi frente tosca
y en la tremolación que hay en mi mano.
Es
noche y baja a la hierba el rocío;
mírame largo y habla con ternura,
¡que ya mañana, al descender el río,
lo que besaste llevará hermosura!
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