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No hay que privarse de tener barro en asfalto. Conocer a
Coca Ocampo es introducirse en un mundo lleno de sensibilidad, pasiones,
dolor, alegrías, es animarse a poner los pies en el barro. La escultora
Coca Ocampo es una devota del tango. Muchos son los homenajes al tango y a
sus interpretes que ella ha realizado. Es autora de las esculturas
recordando a Goyeneche, Marconi, Troilo, Carriego, Piazzolla, algunos de
los cuales ya tienen ubicación en plazas y parques de Buenos Aires.
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Como Coca es una mujer que viene del barro, día a día,
sale con su canasta vacía en busqueda de basura, que tratará, en un
futuro, de transmitir a sus obras. En las esculturas de Coca Ocampo hay
mucha basura. La escultura, como dice Lucas Fragaso: ” Es un arte
quizás atravesado por la nostalgia. La escultura actual aparece como
huella visible del dolor de su configuración y el esfuerzo del trabajo”.
Las esculturas de Coca nos hablan de ese trabajo y ese dolor que significa
día a día juntar basura para procesarla y hacer de ella arte. Luis O. Tedesco refiriéndose a la escultura de Coca
Ocampo decía lo siguiente: “Detenidos en el palco magistral de los
milagros, estas esculturas de Coca Ocampo recrean la alegría feroz de la
pobreza, el esplendor de un rezongo que, a partir del desamparo, se eleva
hacia el vaivén abstracto de la gracia. No dudes habitante de Buenos
Aires, ante la vibración de este arte, es el tuyo, es tu marca, es la
fiesta de tu sangre y el perdon de tus pecados.”
Cuando veo las esculturas de coca se me viene a la
memoria el verso de Eduardo Romero: “Porteño a la deriva del mundo/ con
el tango a sus espaldas/ y su terrible renguera de conciencia”. Coca, a
pesar de su imagen de taura, que logró a través de los años y de las
vivencias propias de una mujer llena de mundo, es insegura y dubitativa.
Los que no saben de grandeza no dudan. Ella siempre tuvo y tiene dudas
porque es infinitamente grande en su ser. Tal vez si coca hubiese venido
de una familia color de rosa, y no haber transitado rutas llenas de
escollos, basura y barro, hoy no sería Coca Ocampo
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