García
Márquez:
El centro del mundo es mujer
“Un crítico señaló que las mujeres eran tratadas en mis libros
como si fueran el centro del mundo”, dijo García Márquez en
una nota para Clarín (marzo
2000).
El escritor colombiano
sostuvo, además, que “después de todo, la realidad es que los
hombres siguen adelante con sus aventuras e intentan hacer cosas que
siempre terminan en fracaso”.
Por el contrario,
continuó García Márquez, “las mujeres son las que mantienen
vivo lo poco que queda del mundo para que la especie pueda
perpetuarse”.
Con estas declaraciones,
el autor verbalizó teóricamente aquello que plasmara en las
mujeres de sus obras, desde Pilar Ternera y otras épicas pobladoras
de Macondo, hasta la matrona “Mamá Grande”, a cuyos funerales
asistieron incluso un Papa y el presidente de la república.
En 1999, el mismo
escritor sugirió: “¿Por qué no intentar lo único que el ser
humano no intentó hasta ahora: que los hombres les entreguen el
poder a las mujeres, para invertir los términos del poder? Y luego
ver si el mundo cambia.”
Utópica o absurda, la
propuesta de “entregar todo el poder a las mujeres” se ve
concretada, en la ficción, por las creaturas femeninas que emanan
del genio de García Márquez, seres de exterior frágil y
apariencia sumisa, pero que guardan en sí todo el arsenal de
misterios del inconsciente y operan como integradoras entre el mundo
racional y los mundos subterráneos, pero no menos reales, del espíritu
y las fuerzas de la naturaleza.
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