Tarde que socavó nuestro adiós,
Tarde acerada, deleitosa, y monstruosa como un ángel oscuro.
Tarde en la que viviron nuestros labios, en la desnuda intimidad de
los besos.
El tiempo se desbordaba, sobre le abrazo inútil.
Prodigáabamos la pasió juntamente, no para nosotros,
sino para la soledad ya cercana.
Nos rechazó la luz; la noche había llegado con urgencia
Fuimos hasta la verja en esa gravedad de la sombra que ya el lucero
alivia.
Como quien vuelve de un perdido prado yo volví de tu abrazo.
Como quien vuelve de un país de espadas yo volví de tus lágrimas.
Tarde que dura vivida como un sueño entre las otras tardes.
Después, yo fui alcanzando y rebasando,
Noches y singladuras.
J. L. Borges Ausencias
Habré de levantar la vasta vida, que aún ahora es tu reflejo.
Cada mañana habré de recontruirla.
Desde que te marchaste,
cuántos lugares se han tornado vanos y sin sentido
iguales a luces en el día
Tardes que fueron nicho de tu imagen
Música en que siempre me aguardabas
Palabras de aquel tiempo,
yo tendré que qubrarlas con mis manos.
En que hondonada deberé esconder mi alma, que como un sol terrible
y sin ocaso, brilla, definitiva y despiadada.
Tu ausencia me rodea,
como la soga al cuello
El mar al que se hunde. J. L. Borges