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Qué
se usa, qué me gusta, qué me queda... ¡y cómo me queda!
Alguien
dijo una vez que la moda es el arte de vestirse según el estado de ánimo,
la ocasión y el clima. A esta sabia definición habría que agregarle
algo: la moda como el arte de vestir según la propia fisonomía.
Por María Viglione,
para Mujer Bonita.
Encontrarnos
con gente que viste mal es cosa casi de todos los días. La moda se nos
impone a todas por igual y todas obedecemos ciegamente a sus mandatos.
Muy pocas veces nos detenemos a pensar: “esto se usa pero... ¿me
queda bien?”.
La
moda es democrática, pero quien distribuyó los distintos físicos no
lo hizo muy democráticamente, lo cual es empíricamente observable: no
todas medimos lo mismo, ni pesamos lo mismo, ni tenemos las caderas del
mismo ancho, ni la cintura del mismo grosor, ni la piel del mismo
color... Se puede decir que a cada una le aprieta el zapato en un lugar
diferente.
Los
diseñadores, cuando elaboran sus prendas, parecen tener en mente la
figura de una mujer ideal, larga, lánguida, sin formas... La clásica
tabla. Sin embargo, esa figura ideal muy pocas veces concuerda con la
figura real de cada una de nosotras. Y la consecuencia es por todas
conocida: horas en el probador pidiendo tímidamente que nos alcancen
los pantalones un talle más grande y lo que nos dan son pantalones unos
cuantos centímetros más largos. ¿ Y el ancho? La diferencia entre un
talle y otro es mínima. Otras
veces, prestar atención y ver cómo se visten algunas es una
experiencia entre patética y divertida. La pregunta acude rápidamente
a nuestra cabeza: ¿no se da cuenta de que eso le queda horrible?, ¿ no
se vio en el espejo?
Este
es, a gruesas pinceladas, algo parecido a un diagnóstico de la situación
actual. El desafío es cómo adaptar la moda a las particularidades del
físico y la personalidad de cada una. Ya que no todo lo que se usa nos
queda bien a todas ¿cómo salir airosas de este dilema?
Un
primer paso es luchar por mantener el propio estilo, la armonía entre
lo que una es y lo que se pone. Es importante saber que el vestido habla
de cómo somos. Parafraseando el conocido dicho popular: dime cómo te
vistes y te diré quién eres. Segundo paso indispensable: ser elegante
(palabra tal vez pasada de moda pero no vacía de sentido). La elegancia
se puede definir como la armonía entre lo que una se pone y lo que está
a la moda. Y acá está la cuestión. El tema es enfrentar a la moda con
sentido crítico. Es muy difícil porque la moda entra por los poros,
pero hay que tratar de hacerlo. Los pantalones de tiro super corto son
divinos pero acortan las piernas y ensanchan las caderas. No conozco a más
de dos personas a las que les quede bien, pero si a doscientas que los
usan. Lo que sucede con el tiro de los pantalones pasa con muchísimas
otras cosas.
Hay
que aprender a conocerse, saber dónde nos aprieta el zapato y elegir
nuestra ropa en consecuencia. Saber cuál es el largo de la pollera que
le queda bien a mis piernas dentro de los largos que se usan. Hay que
animarse a desafiar las leyes de la moda, sobre todo cuando la
uniformidad es lo que predomina. Si conseguimos licuar las pizcas
necesarias de moda, estilo, elegancia y sentido crítico, habremos
logrado salir más que airosas de los aprietos en que nos pone la moda.
Y ya no vamos a padecer, sino a disfrutar con el arte del buen vestir.
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