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Frida
Kahlo, arte
y pasión a la mexicana
Retrató sus bigotes en
sus autorretratos. Tomaba tequila y le divertía vestirse de hombre. Nunca
le interesó seguir las normas. Tuvo dos grandes amores y una gran
tragedia. Hoy
sus obras se cotizan cada vez más alto y el mercado del arte
latinoamericano le estará eternamente agradecido.
Por Guadalupe Cano, para Mujer
Bonita
Nace
el arte en Casa Azul
Hija
de padre alemán y madre mexicana Magdalena Carmen Frida Kahlo nació el 6
de julio de 1907. Fue amamantada por una criada indígena traída de Yucatán
que se encargó de enseñarle los juegos tradicionales mexicanos. Habitó
su famosa “Casa Azul” con sus padres y sus tres hermanas. Casa a la
que siempre regresaría.
Su
deseo de ser pintora floreció junto con el dolor. A los 18 años y tras
sufrir un accidente y quedar postrada en su cama Frida se decidió a
pintar lo que veía. Comenzó ubicando un espejo en el techo de su
habitación para poder reflejarse en él y lograr su autorretrato. Cientos
de sus obras la muestran así, postrada y con su corsé.
Amor
de novela
Diego
Rivera, muralista célebre de la época, se cruzó en su camino para
cambiarlo y acompañarla. Ella lo invitó inocentemente a “Casa Azul”
a ver sus obras y tras mostrarle también su alma no volvió a separarse
de él.
En ese
entonces Diego era amado y odiado por ser miembro del Partido Comunista.
Se
casaron en 1929 y Frida se vio enseguida invitada a su mundo artístico y
político. También al mundo al que Diego siempre pertenecería, el de la
infidelidad. Lo
amó sin fronteras. Lo siguió por el mundo y en sus vicios.
Estilo
y pasión Frida Kahlo
Frida
impuso su estilo, ropas y joyas indígeneas con prendas sofisticadas y
hasta vistió ropa de su esposo. Hizo gala de sus bigotes morenos y los
dibujó en su obra.
Juntos
se convirtieron en la pareja mexicana de las artes. Pero Diego a la vez
visitaba asiduamente a sus amantes María Félix y Paulette Godard. Justamente
con María Félix fue puesta en duda la sexualidad de Frida y se la acusó
de robarle la amante a su esposo.
Fin
y principio
Los
males sufridos, aquel terrible accidente y una poliomelitis en su
infancia, no habían desaparecido completamente. Sus intentos por tener
hijos fracasaban uno a uno y la situación de su columna empeoraba día a
día. Se separó
de Diego y se casaron dos veces más aunque nunca dejaron de amarse.
Frida,
como siempre, regresó a su “Casa Azul” en busca de reposo y protección.
Su salud no le daba tregua y marchó lentamente hacia su fin.
Murió
a los 47 años y en la última década llegó a convertirse en ícono del
arte.
Sus
pinceladas características y de toques nativos e indígenas son
reconocidas en el mundo. Sus obras se venden hoy en los Estados Unidos a más
de 3 millones de dólares. Entre ellas “Autorretrato con chango y
loro”.
Dijo
Picasso a Diego Rivera: “Ni tú, ni Derain, ni yo, sabemos pintar una
cara como lo hace Frida”.
Y
hoy los amantes del arte le dan la razón.
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