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Las
mujeres,
¿somos todas "susanitas"?
por Cecilia Acuña, para Mujer Bonita
Todas
fuimos alguna vez acusadas de "susanitas", ese personaje de
Mafalda que desespera por casarse y tener hijos. No lo neguemos:
en algún momento de nuestra existencia la frase "sos una
susanita" resonó en nuestro oídos casi como un insulto. ¿Por qué?
Porque, para las que no la conocen, Susanita no posee otra aspiración
que no sea el matrimonio y la vida de ama de casa y, actualmente, la
mujer desempeña otros roles además del de esposa y madre.
La
cuestión es, ¿todas las mujeres tenemos algo de susanitas?, o en otras
palabras, ¿todas soñamos con el matrimonio y con una familia?
Ellos
también
Dicen
que la culpa es de la mujer, que somos nosotras quienes anhelamos
ponerles una alianza con nuestro nombre, que la mujer es el cazador y el
hombre la presa difícil de alcanzar. Este es el típico prejuicio
social. La película "El soltero más codiciado" lo muestra
claramente: ellos quieren ser libres y nosotras queremos
"engancharlos" cueste lo que cueste. Así, pareciera que los
hombres no se enamoran, que no desean ser papás
ni formar una familia. Somos nosotras las que los perseguimos
para intentar atrapar a alguno. Pero esto no es cierto, por suerte la
protagonista de la película se encarga de demostrarle a su novio que
los hombres desean tanto como las mujeres casarse y formar una familia.
Entonces,
nosotras somos susanitas, pero ellos son "susanitos" también.
Hombre y mujer nos complementamos, no sólo en lo físico, sino en todo
lo que respecta al ser humano en toda su integridad.
Mala
fama
"Hazte
la fama y échate a dormir" afirma el dicho popular, no podemos
decir que no, las mujeres tenemos fama de "susanitas" (si no
fuera así, no escribiría esta nota), pero si los hombres también
desean formar una familia, ¿por qué es la mujer la debe cargar con la
imagen de "desesperada por el matrimonio"? El asunto es
bastante simple. Si echamos un pequeñísimo vistazo a las sociedades
anteriores a la nuestra nos damos cuenta de que la mujer se encontraba
socialmente determinada a ocupar sólo un rol de madre y esposa, y
hombre era el que se ocupaba de otros asuntos. Recién en estos últimos
años la mujer ha logrado desprenderse de la imagen de "eterna ama
de casa". Ojo, esto no significa que el matrimonio y la familia no
sean una forma válida de ser feliz, todo lo contrario, sino que, en la
actualidad la mujer posee libertad de elección: puede estudiar,
casarse, trabajar, no se encuentra determinada por ningún mandato
social.
Susanitas,
¿y qué?
Somos
libres, podemos pensar, soñar y hacer lo que queremos. ¿Qué hay de
malo en soñar con vestidos de novia y con una gran familia, siempre y
cuando ese sueño no se interponga en nuestra vida real? Además, ¿quién
de nosotras nunca se imaginó entrando a la iglesia con un vestido soñado
y un novio divino? Por eso, la que esté libre de pecado que tire la
primera piedra.
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