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Ternura y Deseo Sexual
¿Qué es en realidad, el deseo?
¿Y cómo nace?
¿Existe en el ser humano la necesidad de la
actividad sexual porque existe una fuerza que le impulsa a
satisfacerse? ¿O bien hay en él, latente y en estado potencial, el
deseo y la necesidad de satisfacerlo? ¿O ambos se revelan bajo el
estímulo de circunstancias oportunas?
¿Es la necesidad del placer algo que existe
por sí mismo, o bien es algo que se despierta en un ambiente
determinado y a través de ciertos hechos estimulantes?
Desde luego, no se puede afirmar que la
necesidad sexual sea una fuerza siempre operante en nosotros, una
facultad alerta en todo momento.
Cuando una persona se haya en un estado de
vigilia, cualquiera que sea la actividad que esté desarrollando y
cualquiera que sea el pensamiento que ocupe su mente, mira y ve,
pues la facultad de la vista actúa prácticamente en cada instante
de su vida consciente. En cambio, sus facultades sexuales no tienen
un empleo o una aplicación continuos.
Para que se experimente la necesidad sexual
deben verificarse ciertas circunstancias que no dependen únicamente
de vos, sino también de los demás en el ambiente.
Tal es el estado de ánimo típico de las
personas que forman una pareja feliz que cuando estos se encuentran,
difícilmente sufrirán el impacto de una excitación sexual abierta
y grosera. Su emoción será primordialmente espiritual. Se sentirán.
Se sentirán felices al verse de nuevo, al poder comunicarse las
experiencias recientes, al hablar de los problemas que les preocupan
y los apasionan, y se manifestarán recíprocamente su afecto con
actos sensibles: un cariñoso apretón en el brazo, una caricia en
los cabellos, un beso afectuoso, una mirada particularmente cálida
e intensa.
De este modo se restablecerá entre ellos la
comunicación interrumpida por una separación más o menos leve.
Las manifestaciones sensibles serán, ante
todo, un expresión de ternura, y la ternura es un afecto
corroborado por el recuerdo de hechos placenteros vividos en común,
de alegría gozada por ambos a la vez, y de provechosas emociones
originadas por su mutua relación.
Fuente: Eva, el arte de ser mujer
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