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Cita a ciegas: ¿tortura o solución?

¿Vale la pena?

"Tengo a alguien para presentarte", me dijo una amiga, yo suspiré, pero accedí a que Paula (mi amiga) le pasara mi teléfono al supuesto candidato. Luego pregunté cómo era, qué hacía, "Fede es divino, estudió economía y se recibió el año pasado, es normal, no es buen mozo, pero tampoco te asustás cuando lo ves. Eso sí, es un poquito tímido". Casi no le presté atención al último comentario (¡ojalá lo hubiera hecho!) y una vez más logré entusiasmarme ante la perspectiva de conocer a alguien.

 Prefiero dejar de contarles detalles de la salida, lo único      que sé es que nunca en mi vida entera hablé tanto, pero no porque él me diera conversación, sino porque odio los eternos silencios en las charlas. Creo que si dijo diez palabras en las dos horas que estuvimos sentados en un bar de San Isidro, fue mucho. ¿Timidez? ¿sueño? ¿falta de interés?. No sé, preferí no averiguarlo, una vez más había llegado a casa con el firme propósito: "nunca más una cita a ciegas".

Existe el final feliz


No siempre las citas a ciegas son un fracaso total como en mi caso, muchas veces llegan a casarse. Mariana B.(25), contadora,  y Pablo L.(28), ingeniero, se casaron el 10 de marzo de este año y se conocieron por una cita a ciegas. "Antes de conocernos, teníamos una amiga en común, Valeria, ella era compañera mía de trabajo, la típica chica que quiere enganchar a todo el mundo. Un día me dijo que tenía una amiga para presentarme, me dio el teléfono y esa misma semana la llamé", cuenta Pablo L., mientras me muestra el papel donde anotó la primera vez el teléfono de Mariana.

Ella le dijo que sí, pero con una condición: que fuera en grupo. "Siempre pensé que salir solos la primera vez es un garrón, no hay forma de evitar el '¿estuviste de novio?' o '¿cuánto te falta para recibirte?', en la segunda o tercera tampoco hay forma de evitarlo, pero ya lo conocés un poco más, es menos forzado", afirma Mariana convencida de su opinión.  

Un mal necesario

Inés L.(23), estudiante de psicología, prefiere evitar el insoportable interrogatorio y por eso, decidió poner en práctica una técnica para evitarlo: "Si me presentan a alguien que no conozco llevo mi curriculum, el mismo que presento en un trabajo, un poco más detallado, así paso de largo el típico diálogo de boliche. A la mayoría de los chicos les molesta, pero yo soy así, si les molesta quiere decir que no es para mí y listo".

Según Paula, mi amiga, las citas a ciegas son un mal de esta generación que ha decidido evitar: "Hasta hace unos meses si me presentaban salía y si yo podía presentar, presentaba, pero ya me cansé, siento que estoy en exposición, como si estuviera gritando: acá estoy para el que quiera elegirme".

Paulita tiene algo de razón, cuando aceptás una cita a ciegas, implícitamente, estás aceptando que querés tener novio, que necesitás a alguien, tanto uno como otro quedan muy expuestos, pareciera como si uno se colgara un cartel que dijera "espacio libre para publicidad". Además, dada la situación inevitablemente se debe conversar sobre algo: el frío, la lluvia, la facultad, el trabajo, los novios.

En la cita a ciegas la única vía para conocer al otro es a través del relato que cada uno hace sobre sí mismo y sobre su vida, con el agravante de que siempre, de una  forma u otra, queremos quedar bien.

El gremio a favor

"A mí me encanta que me presenten chicos, tengo una teoría: el problema de la soledad consiste básicamente en que la gente no se encuentra, entonces, la única solución para encontrarse es generar ese encuentro: si una amiga piensa que tal persona puede encajar conmigo, su deber es provocar el encuentro", afirma Victoria P.(24), casi abogada, una fanática de esta clase de salidas.

Es verdad, la cita ciegas posee una serie de ventajas: es una forma sencilla de conocer a alguien, o por lo menos es más fácil que conocer a alguien en un boliche o un bar de moda. En segundo lugar, aunque parezca exagerado, en la cita a ciegas mínimamente sabés con quién salís, una amiga no te va presentar a un asesino serial o a un fugitivo de la justicia. En tercer lugar, siempre existe la posibilidad de salir con un grupo o por lo menos, de a cuatro.

    Ver siguiente: "Consejos para encarar una cita a ciegas"

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