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Solteras
por elección
por Cecilia Acuña, para MujerBonita
“Culto a la soledad:
la
necesidad de autonomía
a toda costa,
por
lo general a expensas de las relaciones duraderas.Con frecuencia
surge porque se espera mucho de los demás.”
Generación
X,
Douglas Coupland
“El
plano afectivo es tan importante como los demás, en mi vida todos
los planos están cubiertos, menos ése...”, afirma Luz V. con un
dejo de nostalgia en el tono de voz. Estamos sentadas en el living
de su departamento ubicado en José Hernández y O´Higgins, sobre
una mesa vestida se amontonan fotos de sobrinos y de amigas, en la
pared cuelga una imagen de la Virgen del Socorro. “Como afirma el
dicho: ´a quien Dios no da hijos, el diablo da sobrinos´, tengo
seis sobrinos, más los hijos de mis amigas. Pero propios, ninguno.
Para tenerlos me falta el paso intermedio: el casamiento”.
Típica
mujer de los 90
Luz
tiene 34 años, es licenciada en administración de empresas, es
soltera y hace cuatro años decidió irse a vivir sola. Contituye el
prototipo de mujer de los 90:
independiente y autosuficiente. Según las encuestas, el 86% de las
mujeres menores de 40 años se consideran autosuficientes, pero, a
pesar de que esto indica que el sexo femenino no necesita del hombre
para sobrevivir, la realidad nos muestra que ellas no pueden vivir
sin ellos. Luz posee un grupo de cinco amigas en igualdad de
condiciones: todas desean casarse y siguen esperando la aparición
del hombre de sus sueños.
Mujeres
de 30, solteras y que viven solas hay de todo tipo, clase y color:
las más liberales, las solteronas, las superadas, las
conservadoras, etc. En este caso, el análisis se limitará a las
que he decidido llamar “conservadoras o tradicionales”.
Vida
de solteras
Ellas
afirman que son solteras por elección. “Si el objetivo es sólo
casarme, me caso con cualquiera, hay miles de tipos mediocres dando
vueltas por ahí, pero yo quiero a alguien parecido a mí, con
valores, con inquietudes”, reflexiona Carolina R. (33), amiga de
Luz, secretaria de un juzgado de San Isidro.
Claudia
A. (35), otra del grupo, está convencida de que “los tipos están
cada día más tontos, y la mujer avanza cada vez más, nos ponemos
más exigentes y cualquiera no alcanza a cubrir nuestras
expectativas”.
La
clave de la situación parece ser, según las mujeres, el
desequilibrio entre la evolución de la mujer y la evolución del
hombre. En los últimos años, la mujer se ha esforzado en
superarse cada vez más, mientras que los hombres se quedaron atrás.
Luz y sus amigas afirman que ellos sienten miedo ante una mujer que
puede arreglarse sola y que, aparentemente, parece no necesitarlos.
Pero, pese a la supuesta diferencia entre los dos sexos, estas
“Cenicientas” continúan esperando la llegada del príncipe
azul.
Solteras posmodernas
Muchas
mujeres en la misma situación prefieren optar por estilos de vida
alternativos, podría decirse “más modernos” (o posmodernos):
tienen relaciones pasajeras o son amantes de hombres casados, su
argumento es que hay un punto en la vida en el que se debe decidir
“disfrutar o no” y según ellas, deciden pasarla bien.
No
es el caso de Luz, Carolina o Claudia y de otras más, que prefieren
conservar sus valores o ideales. Todas fueron educadas dentro de la
religión católica, provienen de familias bien constituidas y
respetan sus creencias. Admiten que esto les cierra muchas puertas a
la hora de conocer a alguien, es difícil encontrar hombres así en
esta época: no quieren relaciones pasajeras, “ya no estamos para
perder el tiempo”. Generalmente, cuando salen con alguno es porque
otro/a los presentó o le pasó el teléfono a él para que la
llame. “Siempre salimos con gente conocida de otros, que nos
presentan en el grupo de amigos o en el trabajo”, cuenta Luz que
durante esos días esperaba el llamado de Federico, un médico
soltero de 30 años que le presentó Mercedes, una de sus amigas
casadas. “Es bastante difícil conocer gente, por la edad que
tenemos no podemos salir a bailar y los lugares para gente como
nosotras son de terror, las mujeres se regalan”, se lamenta
Claudia, ingeniera industrial que trabaja en Siderca y vive en
Arenales y Rodríguez Peña en un departamento propio. El recurso de
la cita a ciegas es el elegido porque es el único que les inspira
confianza.
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