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¿Una
medida de protección? ¡Cuidado!
La
persona que ve en su pareja a una “propiedad” valiosa, y que
siente miedo o tal vez terror de perderla, generalmente ve rivales
hasta en su sombra.
Su
inseguridad personal la hace querer protegerlo a él o a ella de
toda probabilidad de “tentaciones” exteriores, de ahí que se
esfuercen por todos los medios a reducir el mundo de la pareja a una
exclusividad peligrosa, con la perenne “filosofía” de que esta
es la “única de cuidar lo que es de uno”, y por mantenerse fiel
a esta “filosofía”, reacciona en las formas más impredecibles
y ridículas, llegando muchas veces a la violencia física. Desde
luego, la excusa de la persona celosa a sus muchas reacciones
absurdas, la cara tranca de ella cada vez que se imagina que él
mira a otra con intenciones de seducirla; “¡volviste a
hacerlo!”, de él en tono de carcelero sin piedad, después del
saludo de ella a un amigo; o las amenazas de ella de “daré un
escándalo si no nos vamos ahora mismo”, al suponer que él le
faltaba por fijarse discretamente en el escote de una de las
invitadas a la fiesta, es un “perdón... no lo puedo evitar,
porque te quiero mucho”. Pero, ¿quiere verdaderamente esta
persona a su pareja?
No.
A la persona incurablemente celosa no la guían sentimientos de
amor, al menos, de amor puro,
sino, por encima de todo, de posesión,
de egoísmo. Su pareja, sencillamente, le pertenece. Todos sus
esfuerzos persiguen un solo objetivo: proteger esta posesión
personal a cualquier costo.
Y
es que, desgraciadamente, esta persona no está consciente de que
una relación sólo se puede “proteger” hasta cierto punto,
porque ni un sentimiento ni un documento nos convierte en
propietarios de nuestra pareja. Ésta, por encima de la unión que
tenga con nosotros, sigue siendo un ser humano indepensiente, muy
dueña de sus sentimientos. Y ese mundo exterior, ajeno al exclusivo
de él y de ella, que la persona celosa imagina amenazante,
devorador, monstruoso, sólo es capaz de “provocar, tentar y
robar” a la pareja que se sienta insatisfecha con su ya existente
relación, mucho antes de la llegada de “terceros”.
¿Qué
más razón se necesita, que una persona incurablemente celosa para
hacer sentir desgraciada a su pareja? ¿Y destruirse a sí mismo?
Celos:
egoísmo y posesividad, más que puro amor
Muy
lejos de ser señales de amor, los celos son obsesiones corrosivas.
El que los padece no vive ni deja vivir, y aunque hoy en día no
llegue a manifestarse trágicamente como en la obra de Shakespeare;
ni primitivamente, como se observa entre los gatos, sí se
desarrolla con frecuencia después de la infancia, y continúa
siendo una de las fuerzas más destructivas entre el hombre y, ¿por
que no?, también de la mujer.
Vos,
¿sufrís de celos?, ¿tenés una pareja ridículamente celosa?,
¿viviste situaciones similares?
Si
deseás enviar alguna anécdota o cualquier historia relacionada con
el tema, escríbile a: amystambouli@hotmail.com
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