|
Otra
cuestión que surge alrededor de este tema es el de la libertad. Si
estamos predestinados a enamorarnos de una sola persona, ¿somos
libres de elegirla? Sí, por supuesto, la libertad nunca se pierde,
podemos elegir a la persona indicada o no. Nuestra tarea consiste en
saber distinguir al amor verdadero de un mero afecto.
¿Y si nos equivocamos? Supongo que en ese caso
la vida se compadecerá de nosotros y nos dará alguna otra
oportunidad.
Supongamos que es posible encontrar a la
persona ideal, ¿cómo nos damos cuenta de que es ésa y no otra?
Un diálogo de la película “Sintonía de
amor” describe una forma romántica de darse cuenta: Annie (Meg
Ryan) charla con su mamá acerca de como ésta conoció a su esposo
y le dice: “Me invitó a caminar por el muelle... luego tomó mi
mano. Bajé la vista y no pude decir cuáles eran sus dedos y
cuáles los míos y entonces lo supe”, Annie la mira desconcertada
y la madre insiste, “Fue mágico. Supe que estaríamos juntos para
siempre y que todo sería maravilloso”. Ojalá el darse cuenta
fuera tan sencillo como que alguien te tomara de la mano, el simple
contacto serviría de comprobante.
¿Es sólo
imaginación?
Ahora bien, ¿en qué grado esta concepción
puede ser real si tenemos en cuenta de que es alimentada
continuamente por la literatura, por la música y por el cine? Desde
nuestra infancia escuchamos cuentos como Blancanieves o Cenicienta y
vemos dibujitos como Popeye y su amada Olivia. Más tarde leímos
“Orgullo y prejuicio” o “Señoritas” y luego, nos cansamos
de escuchar canciones románticas y de ver películas en las que
Julia Roberts se casa con Richard Gere, o Meg Ryan con Tom Hanks.
Tampoco vamos a olvidar de las grandes tragedias que confirman esta
teoría como Romeo y Julieta, Tristán e Isolda o Cupido y Psique.
Es decir, ¿es real la concepción del amor
como complementariedad o simplemente es el resultado de la suma de
cuentos, historias y sueños que se acumulan en nuestra mente y
forman este ideal de amor? En un libro llamado “El amor y
occidente”, el autor, Denis de Rougemont se pregunta:
“¿Cuántos hombres estarían enamorados si no hubiesen oído
jamás hablar de amor?”
Por Cecilia Acuña, e-mail: ceciacu@hotmail.com
|