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La
magia del beso
¿Podrías definir un beso? Química, juego, magia,
amor,... Tantas cosas que no puedo definirlo como un diccionario. Cosas que se concentran en el simple contacto de
bocas entre dos personas. Es el símbolo del amor y del deseo.
por Marina Labayen
Besos de película
Desde chicas soñamos con
ese primer beso, pero todos vuelven a ser el primero. Cada uno
envuelve una sensación nueva, un encontrarse con el otro, un
compartir un juego, una magia que nos endulza. Y como en las películas
todo lo que nos rodea desaparece, suenan las campanas y podemos
jurar amor eterno. Hay besos de dolor y despedida eterna como en Mi
vida, o los tan esperados como en Sintonía
de amor. Cada uno es un sueño distinto, y resistirnos a ellos
es imposible.
El beso es algo muy personal
y delicado. No podemos darnos a otra persona si no sumamos una serie
de condiciones excluyentes. La atracción física y psíquica, el
querer compartir y el necesitar dar y recibir del otro. Nos
entregamos ciegamente porque sentimos. Y este sentir implica lo que
solemos llamar química.
La suma perfecta
La química es algo
abstracto y concreto a la vez. No la vemos y nos cuesta definirla,
pero sin ella la cosa no va para atrás ni para adelante. Nace de la
atracción y el beso la hace salir aflote para quemarnos. Es ese
estremecerse, perderse y sentir. Es una suma perfecta entre dos
personas, y no puede darse con cualquiera. Pero por más que esta química
solo se dé en ciertas oportunidades, no quita la posibilidad de que
también se equivoque. Que temblemos por el solo hecho de estar
cerca de cierta persona no quiere decir necesariamente que esta sea
“el amor de nuestras vidas”.
El desprestigio social
Pero por mucho que nos pese
a las románticas, socialmente puede tener bastante desprestigio. Al
tener connotaciones sexuales la gente lo ha visto como algo
indecoroso. Puede que sea el camino a algo más, o puede ser
considerado un juego sexual, pero no le quita lo dulce y mágico que
es. Besarse, en todas sus formas, es darse al otro, y por más mal
que esté visto es un acto lindo y bueno.
Y si antes este prejuicio a
nuestro querido beso era de los viejos, en muchos casos ahora ha
pasado a los más jóvenes. Debe tener mucho que ver el
hiperindividualismo en el que estamos inmersos, que nos impide
“entregarnos” o “darnos” al otro. De ésta manera, se está
perdiendo la verdadera
esencia del beso.
No voy a echarle la
culpa a los hombres por andar robando besos fugases, besos que están
muy lejos del romanticismo esperado, porque obviamente algunas
mujeres tenemos la misma culpa que ellos. Disfrazar ésto con
etiquetas de “liberalismo” o “salirse de los prejuicios” no
es justo.
En fin, un beso sigue siendo un beso más allá del paso del tiempo
y de las transformaciones sociales. Por este atentado a la magia del
beso es que hago un llamado a la solidaridad para que recuperemos su
gran valor.
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