Sólo
por servir a los demás
Los bomberos voluntarios, además de salvar
vidas, rescatan el valor del servicio y la solidaridad en la
sociedad.
Por
Ángeles Patrón Costas
Maipú
1669. Desde fuera, a través de un gran enrejado, pueden verse los
enormes camiones rojos. Una vez adentro, se escucha el teléfono
sonar: “Central de alarma, Bomberos de Vicente López”, atiende
un hombre canoso mientras da vueltas en su silla giratoria.
En
el garage, Diego Regueiro, de 32 años, revisa uno de los camiones.
“Hay que mantener los coches”, dice mientras se limpia las manos
negras con una rejilla. Se abre una puerta y aparece Claudio
Canicato, de 30 años, que sonríe y se disculpa por su cara de
dormido: “Lo que pasa es que estaba aprovechando para descansar un
poco”. Detrás, sosteniendo un mate, viene Oscar, de 26. El teléfono
vuelve a sonar y nuevamente atiende el hombre canoso y panzón que
es Jorge París, de 62 años.
Aunque
todos ellos tienen vidas distintas, hay algo que los une: la
entrega total y desinteresada a los demás. Estos hombres son
bomberos voluntarios y dividen su vida entre sus trabajos, sus
familias y esto, que hacen “por
servir a los demás”, como dijo Claudio Canicato.
Jorge
París se acomoda en la silla y pensativo toma un largo sorbo de su
mate. “Me hice bombero voluntario hace 20 años por una historia
personal. Es que perdí una criatura y mi señora estuvo internada
en el Hospital Municipal de Vicente López. Ahí la salvaron. Como
yo tengo un taller mecánico, venía de vez en cuando para arreglar
coches, y al ir tratando con la gente de acá, me fui enganchando.
Pienso que ser bombero voluntario es una forma de devolverle a la
sociedad y a la gente de Vicente López lo que ellos hicieron por mí.”
En Vicente López hay aproximadamente 500 mil
habitantes, y según el suboficial Diego Regueiro “que entre todos
estos habitantes haya 100 bomberos voluntarios, incluyendo cadetes y
el cuerpo de reserva, no es mucho. El cuerpo activo, es decir, los
que salen en caso de incendio y hacen rescates, son aproximadamente
60 hombres”.
En
una sociedad como la actual, donde se privilegia el dinero, lo
material, los logros profesionales y se vive siempre apurado, parece
rara la tarea que llevan a cabo estos hombres. Su
trabajo no tiene remuneración económica alguna, y su única
motivación es ayudar a los demás. Ellos tienen distintas
profesiones, pero cuando llegan al cuartel 9 de Julio cada uno se
olvida si es mecánico, si trabaja de electricista o si tiene un
almacén. Acá todos se ponen el uniforme azul que dice “bombero
voluntario”.
Ser
bombero implica estar dispuesto a tener que dejar una cena familiar
o un trabajo por la mitad. Cuando les avisan por radio que hay una
emergencia, tienen que presentarse inmediatamente en el cuartel para
ir a hacer el rescate. Por eso, en esto es muy importante el trabajo
en equipo. Como bombero voluntario no se cumple un horario, cada uno
se arregla como puede y se cubren mutuamente.
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