Cuando papá es también mamá
 
Muchas veces sucede que, debido a diversos motivos, el padre debe asumir el rol de la madre y encargarse en la relación con su hijo, de algunos aspectos que usualmente están asociados con el deber materno. ¿Qué ocurre entonces?
Por Reynaldo Vargas
 
Carolina, mi prima, está por cumplir veinte años. Cuando ella tenía 18 meses, su mamá -mi tía- murió repentinamente de un extraño problema cardíaco. De seguro su papá estaba destrozado por la pérdida; la verdad es que no puedo imaginar cómo pudo seguir adelante. O quizá sí. Tal vez la única cosa que le permitió recobrar la esperanza fue ver a su bebita, tan indefensa y saber que sólo lo tenía a él. Con todas las complicaciones y problemas que implica criar a un bebé en ausencia de la madre, nadie puede decir que él lo hizo mal. Carolina ha crecido   para ser una persona feliz: estudia ingeniería en una de las mejores universidades del país, tiene una relación de pareja increíblemente estable, y, sobretodo, se lleva muy bien con su familia. "¿A qué se debe que -teniendo menos probabilidades que un niño con ambos padres, de tener una vida sana y tranquila- haya podido alcanzar el equilibrio que muchos buscan infructuosamente?", pensé un día. La respuesta quedó en el aire pero creo que el secreto está en el amor de un padre que supo asumir un rol que -por naturaleza- no le correspondía.
 
Estableciendo lazos afectivos
 
"El grado de afectación que produce la muerte de la madre depende, en primer lugar, de la edad del niño -comenta Gracia Maioli de Kenigstein, psicoterapeuta especializada en niños y adolescentes-, ya que si se trata de un niño muy pequeño, menos de cinco años, es evidente que el rol de la figura materna es sumamente importante para su desarrollo emocional y afectivo". Sin embargo, recuerdo que en el caso de Carolina, su papá estuvo siempre muy involucrado en la etapa del embarazo, tejiendo fuertes lazos emocionales con su bebé, lo que le permitió a ambos sobrellevar la ausencia de la figura materna con mayor facilidad. Esto se debe a que cuando la relación entre padre e hijo se inicia temprano, las probabilidades de  
estructurar un vínculo emocionalson mucho más grandes, explica la especialista. Y en caso de que la madre llegase a faltar -por algún motivo- no se crearía una brecha entre padre e hijo, sino más bien se reforzaría en gran medida esa relación.
 
La importancia de la figura materna
 
"Es muy importante que esté presente alguna figura femenina: abuela, tía o alguien que pueda brindar esa parte de ternura y afecto que necesita el pequeño ya que el padre, por sí solo, no puede cubrir todos los aspectos", afirma la sicoterapeuta. Pero es importante establecer que la afectividad que le proporcione esa figura materna "suplente" no opaca, para nada, el nexo establecido entre el papá y el hijo, porque ocurre con frecuencia  
-sobretodo cuando se trata de niños más grandes y adolescentes-, que ambos se unen más, llegando a un grado de mutua protección.
 
La nueva forma en que gira el mundo
 
Por muchas circunstancias los padres han debido asumir -total o parcialmente- el rol de madres en los últimos años. Gracia Maioli comenta que "en este caso, la ausencia de la figura materna sería temporal y pudiera deberse a que la madre está trabajando, mientras   el padre se queda en el hogar. La mujer se ve obligada a mantenerse fuera de casa y entonces cada día se ven más papás asistiendo a las reuniones escolares de sus hijos o llevándolos al médico, lo que se traduciría en un intercambio de roles".