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MujerBonita de viaje

Viajando con

Valentina Quintero

Un recorrido Visual y Arquitectónico por el Distrito Federal
En esta nueva sección recorreremos Venezuela llevados de la pluma de una mujer que ha viajado por toda Venezuela y nos va a contar sus experiencias, sus travesías y anécdotas.
"No entiendo ese empeño en quejarse de la capital. Es verdad que se arman zafarranchos y que cuando llueve la única opción sana es enclaustrarse en el hogar, pero el clima es regio, el Avila amanece todos los dias con una luz distinta y las actividades culturales pueden ser verdaderamente intensas si uno está pendiente de gozarlas confieso públicamente que adoro vivir en la Caracas y que no existe ningún sitio en Venezuela donde yo prefiera vivir en este momento de mi vida. Claro, salgo a cada rato, porque también me hace falta".
Mucho he comentado ya sobre el placer visual. Darse tiempo para mirar. Dejar el atore de llegar y andar por la vida observando lo que nos ofrece. Durante dos dias estuve recorriendo Caracas con Wiliam Niño Araque, un arquitecto fascinado con la ciudad, convencido de su armonía recuperable y quiero compartirlo con ustedes para que en alguna oportunidad se den un paseito de puro gusto de ojo. Un domingo temprano fuimos al Silencio y nos detuvimos frente a la Plaza O´Leary. Observamos las esculturas de Narváez, y si bien es cierto que había toneladas de basura en los alrededores, había que ver hacia los lados y procurar entender ese espacio de la redoma, los bloques del Silencio diseñados por Villanueva, los corredores anchos para que pueda caminar un gentío bajo la sombra y las formas que hacen los pilares en esos corredores cuando el sol les pega de cierta forma. Les sugiero el domingo temprano porque cualquier otro día, entre autobuses y tráfico intenso, no verán nadita. Fíjense también en algunos de los edificios, para que vean el tamaño de esos apartamentos. Hay unos que casi tienen cuatro metros de altura, con un ventanal gigantesco, y es que fueron diseñados expresamente así para servir de refugio inspirador a los artistas, merecedores de crear con comodidad. Yo entré a dos apartamentos y la verdad es que antes se diseñaba para que la mirada continuara sin interrupciones y la gente pudiera estirar el cuerpo sin pánico de darle un puño al vecino. Lo que pasa es que la inseguridad ha obligado a colocar rejas entre piso y piso de las escaleras y si bien hay vecinos empeñados en cuidar y mantener, otros son la desidia del diccionario.
Un poco más allá caminamos hacia El Calvario. Confieso que lo único que había visto eran esas escaleras infinitas y jamás me provocó subirlas. Entramos y me quedé helada. Sólo hay que cerrar los ojos e imaginar lo que pudiera ser. Anchas caminerias, espacios amables para sentarse, ver, conversar, y entender que la vida urbana puede ser un encanto. El mármol por todas partes, escaleras que conducen con claridad al próximo nivel, fuentes y muchos árboles. Yo hubiera querido existir cuando lo inauguraron para haber disfrutado de sus glorias. Reconozco y advierto que en este momento hay que tener una imaginación sólo comparable a la de los niños para visualizar las posibilidades. Y un gran espíritu de aventura para retar la inseguridad. Pero yo se los cuento a ver si nos fajamos a luchar por recuperar las pasadas glorias caraqueñas.
De ahí nos devolvimos y nos fuimos hacia Parque Central por la avenida Bolivar, También en domingo para que el tráfico no nos maltratara la emoción visual. Si ustedes se encaraman en ese puente que hay por detrás del Hilton, con una plaza grande, y voltean en dirección a toda la avenida Bolivar, con las torres del Silencio al final, Parque Central a un lado y el Avila al fondo a mano derecha, gozarán de la armonía urbana, del espacio creado para fluir, de ese corredor vial que quiere recuperar William Niño, y con él, los arquitectos sensibles del país. Luego hay que pasear, por supuesto, por el Museo de Arte Contemporáneo y más allá por el de Bellas Artes, la GAN, el de Ciencias y entrar finalmente al Café del Ateneo para comer lo que inventa Maria Fernanda. Yo también les sugiero que estén pendientes de los espectáculos en el Teresa Careño.
Quienes defendamos la maravilla de vivir en Caracas siempre tenemos como argumento la vida cultural, pero se nos olvida gozarla.
(Fuente:La guía de Valentina Quintero 2.000)
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